20130509

Casper Dalhoff: "Prácticamente beben hasta morir"

sobre el "estado del bienestar" en Europa..


Casper Dalhoff: "Prácticamente beben hasta morir"


Casper Dalhoff: "Esta foto la hice en 2006 en la E-Huset, una institución para alcohólicos de Copenhague. Allí prácticamente beben hasta morir. Vienen en búsqueda de la ayuda que el gobierno les da como última opción, porque ya han probado sin éxito todo tipo de programas para dejar la bebida.

Esto es lo último que pueden hacer: una vida diaria de placer en la que les está permitido beber. Normalmente, si vas a una institución o a un programa de este tipo es porque quieres dejar de abusar del alcohol. Aquí es diferente: te permiten beber tu vino o tu cerveza. Bebes tanto como puedes permitirte.

En Dinamarca tenemos un sistema de seguridad social que paga una pensión, y cada mañana los residentes de esta institución reciben la parte correspondiente a un día de su pensión. Los más pobres tienen entre 15 o 20 euros diarios, pero alguno había sido ejecutivo y la pensión le daba casi 100 euros diarios. En este lugar hay gente de todo tipo, incluso gente que ha vivido toda su vida en la calle.

Lo que hacen es coger estos 15 o 20 euros y comprar una caja de cervezas -que en Dinamarca son de 30 unidades- o una botella de ron o vodka, volver a la institución y comenzar a beber. Así que básicamente es como un bar o una posada. Por eso titulé el reportaje 'La última posada'. Se sientan en el salón o montan pequeñas fiestas en sus habitaciones, y simplemente beben.

La gran mayoría están muy alejados de la realidad y han vivido una vida de mentiras. Han llevado a sus familias hasta tal punto que éstas ya no quieren tener ninguna relación con ellos. Así que más o menos la mayoría están solos. Sólo algunos reciben visitas de amigos o parientes.

Tienen discusiones continuamente, se gritan y se enfadan entre ellos, pero no hay mucha violencia porque están demasiado borrachos como para poder pelear. De alguna forma no se gustan entre ellos. Se necesitan por la compañía, para beber, divertirse o cualquier otra cosa, pero no se caen ni bien.

A veces se dan situaciones totalmente surrealistas: un día un tipo se me acercó para decirme que 'el tío de la habitación de al lado se acaba de morir', y cuando le dije que lo sentía me contestó: 'No, no, está bien… le debía cinco cervezas desde la semana pasada, así que está genial… ¡me he ahorrado cinco birras!'. Este es el tipo de relación que tienen, el tipo de cariño que se dan entre ellos.

20130508

El consejero de Sanidad de Aragón llama ‘mini Bárcenas’ a pacientes y profesionales sanitarios


El consejero de Sanidad de Aragón llama ‘mini Bárcenas’ a pacientes y profesionales sanitarios

  • El grupo de IU en las Cortes de Aragón pide la reprobación de Oliván por llamar a los ciudadanos delincuentes

  El consejero de Sanidad de Aragón llama ‘mini Bárcenas’ a pacientes y profesionales sanitarios

El grupo de IU en las Cortes de Aragón ha pedido la reprobación del consejero de Sanidad, Bienestar Social y Familia, Ricardo Oliván, por las declaraciones en las que ha afirmado que "todos, ciudadanos y profesionales de la sanidad pública son 'mini Bárcenas'", algo que supone "un claro menosprecio y una falta absoluta de respeto" tanto a los usuarios como a los profesionales sanitarios, ha recalcado la diputada de esta formación en las Cortes, Patricia Luquin.   En una nota de prensa, la parlamentaria ha subrayado que el extesorero del PP, Luis Bárcenas, "está imputado por fraude fiscal, cohecho y blanqueo de capitales" por lo que ha criticado que Oliván trate a los ciudadanos y profesionales sanitarios "como delincuentes" y les acuse "de ser los responsables del mal funcionamiento de la sanidad pública, cuando el culpable de los graves problemas que presenta este servicio público es el mismo, por su mala gestión, y su Gobierno, por aplicar unos recortes que están suponiendo el desmantelamiento de la sanidad pública".

La diputada de IU ha anunciado que formulará una pregunta oral al consejero de Sanidad para que explique ante el pleno del Parlamento “a qué se refiere exactamente cuando dice que todos, ciudadanos y funcionarios, somos como ‘mini Bárcenas’”.

IU también solicitará la reprobación de Oliván a través de una proposición no de ley, en la que también se exige que el Gobierno aragonés “rechace con rotundidad las afirmaciones de Oliván y emplace al consejero a rectificar dichas opiniones ante el pleno”.

Luquin ha sostenido que el consejero, “en vez de insultar a la ciudadanía, debería trabajar para poner todos los medios y recursos necesarios para garantizar la mejor prestación sanitaria a la ciudadanía que vive en Aragón, reducir las listas de espera –que se encuentra en cifras históricas– y adoptar todas las medidas necesarias para garantizar el principio de universalidad, accesibilidad y equidad en el acceso a la sanidad pública”.

En definitiva, ha dicho, debería “apoyar” a los profesionales sanitarios “y tener como prioridad la mejor atención sanitaria de las y los usuarios del sistema público de salud, que es lo que se supone que debería ser su objetivo principal y prioritario”.

20130507

Votacion popular por una sanidad publica

Del 5 al 10 de Mayo 2013

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El cerebro incrédulo

El cerebro incrédulo

Mucho se habla sobre la biología de la religiosidad. Pero el cerebro realmente interesante es el del no creyente. Esa es una de las conclusiones que se extrae del último libro de Adolf Tobeña, “Devots i descreguts”, que tiene como objetivo conocer el origen y las funciones de las creencias religiosas. Los ateos tenemos cierta tendencia a pensar que la incredulidad es la expresión de una mayor capacidad de análisis y de raciocinio. Más indicación de lo que nos sobra que de lo que nos falta, por así decirlo. Pero Tobeña nos da una ducha fría. “De la misma manera que hay gente apática, asocial, perezosa o boba, la hay que no ve trascendencia en parte alguna”. Y demos las gracias, porque no muy lejos de esta frase hay un párrafo donde destaca, fosforescente, la palabra “autismo”.


Investigación con neuroimagen. Wikimedia Commons

Afortunadamente, estoy leyendo a la vez el libro de Satoshi Kanawaza “The intelligence Paradox”, en el que el ateismo es descrito como algo que suele ir asociado a una mayor inteligencia, y eso me gusta más. La tesis de Kanazawa es que lo que llamamos inteligencia es una habilidad que se desarrolló recientemente en un Homo Sapiens al que no le bastaron ya las habilidades cognitivas adaptadas a un mundo estable en el que genes y entorno ecológico iban a la par. Según su atrevida (pero documentada) teoría, las personas inteligentes suelen ser las que adoptan los modos de pensar más alejados de su naturaleza ancestral. Así aparecen criaturas extravagantes como los “progres” (liberals), los ateos o los monógamos, que van tan sobrados en la vida que se permiten rizar el rizo. Lo cual no quiere decir que sean quienes más éxito o felicidad obtienen de ella. Ahí tienen ventaja los “listos”, que no están tan dotados pero que no suelen ser tan desastrosos en cuestiones de “sentido común”, dispositivo que viene de serie pero que es obviado demasiado a menudo por los más inteligentes.

¿Estamos los ateos menos pertrechados para afrontar la existencia que los creyentes? Quién quiera conocer el fascinante mundo del cerebro religioso no puede perderse el libro de Tobeña. Los 4 jinetes de la militancia atea, Dawkins, Dennet, Harris y Hitchens, promueven la idea de que la religión es algo describible como una “infección memética”. Para ellos, las creencias son el resultado del adoctrinamiento, un artefacto cultural. Pero cada vez conocemos más estudios que nos muestran que eso no es así. Las doctrinas particulares se adoptan culturalmente, pero nuestro cerebro es un cerebro religioso. Está hambriento de transcendencia. La religión forma parte de nuestro hardware, está en nuestra naturaleza. Y estos estudios apuntan a que la religión nos aporta unas ventajas psicológicas y sociales que valdría la pena volver a valorar.


Diferencias de religiosidad asociadas con la inteligencia (g) en la vida adulta
 (Kanazawa, 2010)

Esta es la idea de Alain de Botton, que en su libro “Religion for Atheists”, propone, a la manera de August Compte, aunque con derivaciones más pintorescas, repensar la cuestión religiosa desde la secularización. Muchos ateos lo son porque no se conforman con los cuentos de hadas. Porque les repugna el ocultismo y la superstición. Porque valoran más el conocimiento que el mito. Pero muchos estamos abiertos a incorporar ciertos elementos religiosos en nuestra vida partiendo de un mayor entendimiento de los entresijos de nuestro cerebro religioso y sus implicaciones psico-sociales. Es una planteamiento que permitiría a los ateos supuestamente más inteligentes pero infelices conseguir beneficios similares a los que disfrutan los “listos” crédulos. Si fuera posible, ¿por qué no?


Referencias

  • De Botton, A. (2012) Religion for Atheists. Pantheon Books
  • Kanazawa, S. (2012) The Intelligence Paradox. John Wiley & Sons, Inc.
  • - Why liberals and atheists are more intelligent (2010). Social Psychology Quarterly
  • Tobeña, A. Devots i descreguts. (2013) Universitat de València

20130506

La protección de la salud ¿también en tiempos de crisis?

La protección de la salud ¿también en tiempos de crisis?

El Real Decreto Ley 16/2012, de 20 de abril, para garantizar la sostenibilidad del SNS y mejorar la calidad de sus prestaciones ha supuesto cambios trascendentales en la configuración del derecho a la protección de la salud. Altera por completo los rasgos esenciales configuradores de nuestro modelo público de asistencia sanitaria. Entre otras medidas, sin duda las más controvertidas son las que afectan a la universalidad y a la gratuidad de las prestaciones sanitarias. Ha establecido una nueva categorización de la cartera común de prestaciones para introducir el copago o aportación dineraria del usuario en algunas de ellas, ha instaurado para los pensionistas la obligación de realizar estas aportaciones para las prestaciones farmacéuticas, ha elevado los porcentajes de participación de los demás colectivos y ha establecido una nueva regulación de la titularidad del derecho a la asistencia pública sanitaria que ha supuesto la exclusión de un determinado sector de la población mediante el recurso al nuevo concepto de asegurado y de beneficiario. Además de los perceptores de determinadas rentas que superan determinados umbrales, han quedado excluidos respecto del sistema anterior los extranjeros que no sean titulares de una autorización para residir en el territorio español. Ahora sólo podrán acceder a las prestaciones sanitarias mediante el pago de la correspondiente contraprestación o cuota derivada de la suscripción de un convenio especial. Da una vuelta a todo el ordenamiento sanitario y modifica prácticamente todas las normas que conforman el bloque de lo que llamamos Derecho Sanitario.

Lo primero que llama la atención es la amplitud misma de la reforma por los cambios tan extensos y variados que comporta y por el instrumento elegido para ello: un Real Decreto Ley. Reconoce explícitamente que la nueva regulación “tiene como objetivo fundamental afrontar una reforma estructural del Sistema Nacional de Salud dotándolo de solvencia, viabilidad y reforzando las medidas de cohesión para hacerlo sostenible en el tiempo”. Cierto es que el SNS estaba y sigue estando en una grave situación de dificultad económica, que existe una alta morosidad y un insostenible déficit de las cuentas públicas sanitarias que pueden justificar la adopción de medidas urgentes tendentes a garantizar el futuro del sistema público sanitario. Ahora bien, si se pretende ir más allá de la adopción de medidas puntuales para modificar los consensos básicos que en su día llevaron a la configuración del Sistema Nacional de Salud sería razonable que este cambio estructural del modelo se acordara en las Cortes Generales tras su previo debate político y social. Lo contrario nos parece un uso excesivo –por no decir fraudulento- del Real Decreto Ley. En todo caso, habrá que esperar que nuestro Tribunal Constitucional se pronuncie sobre ello.

Pero estas no son las únicas consecuencias que está teniendo la crisis económica sobre el sistema público sanitario. Bajo el pretexto de los problemas económicos estamos asistiendo a una agudización de las tendencias hacia la externalización de la sanidad pública que, en rigor, supone un traspaso de su gestión a manos de empresas privadas. Lo que antes constituía tan sólo alguna experiencia aislada en alguna Comunidad Autónoma ahora ha encontrado en la crisis la excusa perfecta para la generalización del modelo. Así está sucediendo estos días, por ejemplo, en la Comunidad Autónoma de Madrid con los pliegos para la concesión administrativa de varios hospitales públicos. Estas nuevas tendencias han creado gran alarma social al ser concebidas como un intento de desmantelamiento de lo público que afecta a la esencia misma de nuestro Sistema Nacional de Salud. Con ellas se introduce un nuevo elemento o valor en la gestión, que no sólo es completamente extraño a los valores de lo público, sino que por su propia naturaleza resulta incompatible con ellos. Me refiero al “ánimo de lucro” que inspira la empresa privada. Ello plantea un choque de modelos poco compatible, a mi juicio con nuestro actual marco jurídico.

Al mismo tiempo, y siempre bajo el pretexto de ahorrar, también algunas Comunidades Autónomas están adoptando decisiones administrativas para la racionalización y reorganización de sus servicios sanitarios que de cara al ciudadano no dejan de traducirse en importantes limitaciones del derecho a la asistencia sanitaria pública, de su derecho a la protección de la salud. Así, pueden traerse a colación los cierres nocturnos de determinados Puntos de Atención Continuada en Castilla-La Mancha que han terminado saltando al debate público.

La nota común de todas estas medidas es su carácter regresivo en la medida en que limitan y restringen derechos y beneficios reconocidos por la norma anterior. Frente a todas estas medidas podemos plantearnos qué grado de protección ofrece nuestro ordenamiento jurídico.

Se alega en este sentido la debilidad misma del sistema de protección que instaura nuestra Constitución en su artículo 43 al configurar la protección de la salud como un mero principio rector de la política social y económica de nuestro país. A partir de ahí es fácil aducir el carácter reversible de los derechos sociales y económicos, los vastísimos márgenes de libertad que posee el legislador ordinario para la concreción del derecho constitucional a la protección de la salud y las amplias potestades organizativas de que disfruta la Administración Pública para la configuración del servicio público sanitario.

Ciertamente el Gobierno dispone de amplias facultades para la modificación del ordenamiento jurídico en virtud de las distintas opciones políticas que resulten del correspondiente proceso electoral. Ello es consustancial a la cláusula de Estado democrático que proclama nuestra Constitución. Ahora bien, estas facultades ha de hacerlas también compatibles con el principio de prohibición de regresividad de los derechos sociales al que se ha comprometido desde el punto de vista internacional y con las exigencias que derivan de la opción por un modelo de Estado social. En todo este debate conviene recordar que España firmó el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (en adelante PIDESC), adoptado en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966 (firmado por el Estado Español el 28 de septiembre de 1976 y ratificado el 27 de abril de 1977). Asumió la obligación de adoptar medidas para lograr progresivamente la plena efectividad del derecho a la protección de la salud hasta el máximo de los recursos de que disponga. En virtud de esta obligación de progresividad se ha entendido que no son permisibles las medidas regresivas adoptadas en relación con este derecho. Si un Estado pretende adoptar alguna medida de carácter regresivo le corresponde demostrar que se han aplicado tras el examen exhaustivo de todas las alternativas posibles y que esas medidas están debidamente justificadas por referencia a la totalidad de los derechos enunciados en el Pacto en relación con la plena utilización de los recursos máximos disponibles del Estado Parte. Ni la exposición de motivos del Real Decreto Ley ni su memoria económica han aportado a la ciudadanía las explicaciones al respecto que serían necesarias.

Más grave resulta la exclusión del sistema público sanitario del colectivo de los inmigrantes ilegales. Esta medida regresiva supone una clara violación del Tratado según se establece expresamente en la Observación General nº 14 respecto del derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, de 12 de mayo de 2000, elaborada por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que es el órgano de expertos independientes de Naciones Unidas que supervisa la aplicación del Pacto por los Estados firmantes y el encargado de interpretar sus disposiciones en forma de Observaciones Generales. Respecto de este colectivo se ha incumplido una de las obligaciones básicas e indisponibles previstas por el Pacto como es la relativa a la obligación de garantizar el derecho de acceso a centros, bienes y servicios de salud sobre una base no discriminatoria, en especial por lo que respecta a los grupos vulnerables o marginados. Las razones económicas no justifican desde el punto de vista del Pacto esta limitación a este concreto colectivo de personal.

Por otra parte tenemos que tener en cuenta que la protección de la salud posee una importancia singular en nuestro ordenamiento constitucional en la medida en que está estrechamente relacionada con el derecho fundamental a la vida y a la integridad física y tiene una vinculación inmediata con la dignidad humana como valor superior de nuestro ordenamiento jurídico. Así se intuye del reciente Auto del Tribunal Constitucional nº 239/2012, de 12 de diciembre, que ha levantado parcialmente la suspensión del Decreto vasco 114/2012, de 26 de junio, que había extendido la asistencia médica a los extranjeros irregulares desconociendo el nuevo régimen básico estatal. Para decidir sobre la suspensión el Tribunal ha tenido que realizar una ponderación de todos los intereses en juego para decidir finalmente que “el derecho a la salud y el derecho a la integridad física de las personas afectadas por las medidas impugnadas, así como la conveniencia de evitar riesgos para la salud del conjunto de la sociedad, poseen una importancia singular en el marco constitucional, que no puede verse desvirtuada por la mera consideración de un eventual ahorro económico que no ha podido ser concretado”.

En otras ocasiones también los jueces ordinarios están inspirándose en el derecho a la protección de la salud a la hora de dictar sus sentencias, aunque ello suponga contravenir o dejar temporalmente sin efecto las decisiones de la Administración sanitaria. Buen ejemplo de ello son los Autos dictados por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-la Macha (el primero de ellos de 29 de enero de 2013) que han supuesto la suspensión temporal de la entrada en vigor de la Orden de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales que había realizado una nueva reorganización de los puntos de atención continuada (PAC) y que había supuesto el cierre nocturno de algunos de ellos. En este caso también han recordado los jueces que el ejercicio de las potestades organizativas por parte de la Administración no es ilimitado y debe hacerse en todo caso cumpliendo el marco que establece nuestro ordenamiento jurídico y motivando por qué se produce ese cambio de criterio. Nuevamente vuelve a poner en la balanza los argumentos exclusivamente económicos con el derecho a la protección de la salud para inclinarse a favor de este último por su estrecha relación con el derecho fundamental a la vida y a la integridad física. Finalmente, ante esta protección cautelar judicial la Administración autonómica ha derogado su plan de ordenación de la atención sanitaria urgente y continuada en las Zonas Básicas de Salud (Orden de 25 de marzo de 2013).

En fin, estos Autos judiciales, aunque no se han pronunciado sobre el fondo de los asuntos controvertidos, sí que están permitiendo poner en valor el derecho a la protección de la salud también en tiempos de crisis y frente a una racionalidad estrictamente económica.