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El baile de gerentes en la sanidad pública catalana

Periodista
¿Es fiable la gestión de una empresa que en ocho años cambia cinco veces de gerente? ¿Y si la empresa en cuestión tiene 36.000 trabajadores? ¿Y si, además, se trata de una empresa pública cuyo objetivo es velar por la salud de varios millones de ciudadanos? La conclusión inmediata es pensar que las condiciones laborales de esos trabajadores y la protección sanitaria de los ciudadanos corren un grave peligro de inestabilidad, o algo peor. La empresa en cuestión es el Institut Català de la Salut (ICS) que entre enero del 2006 y enero del 2014 ha tenido cinco máximos responsables de su gestión.

Y ya metidos en la harina gerencial de la sanidad catalana, valga el ejemplo del Hospital del Vall d’Hebron, todo un récord en el cambio de máximos responsables: cuatro gerentes en cinco años. Este centro, con 6.500 trabajadores, es hospital de referencia en ortopedia infatil, tumores orbitarios, trasplantes –hepáticos, renales y pulmonares–, quemados críticos y lesiones medulares entre otras patologías. Un trabajo sensible que exige estabilidad.
¿Por qué tantos cambios? Las versiones oficiales de defenestrado y defenestrador suelen ser asépticas: motivos de salud, lentitud en los cambios que le fueron encargados o necesidad de actualizar las estructuras organizativas. Las opiniones del personal sanitario y sindicatos son muy diferentes: elección del nuevo gerente en función de sus colores políticos, necesidad de agilizar la privatización de actividades sanitarias, exigencias de docilidad ante las órdenes de la Conselleria de Sanitat y mano dura ante los recortes presupuestarios aplicados en los últimos años. Salvo excepciones, los nueve gerentes que han pasado por el ICS y el Vall d’Hebron no han quedado abandonados a su suerte, no han ido al paro; unos han pasado a la sanidad privada, otros han sustituido la gerencia perdida por otros cargos de responsabilidad, y algunos, los menos, han regresado al ejercicio de la medicina pública. PSC y CIU se han repartido, casi por un igual, los cambios en la gerencia del ICS durante sus respetivos mandatos al frente de la Generalitat, y también han practicado, sin apenas variantes, la práctica de la puerta giratoria: el cesado siempre ha tenido una manera suave para encontrar otra salida laboral.


El nombramiento de hematólogo Enrique Argelagués, antiguo director del servicio de Donación y Transfusión, sin relaciones con el sector privado, fue recibido como un bálsamo necesario para el dolorido ICS. El personal del Hospital Germans Trias i Pujol (Can Ruti) de Badalona, donde ejerció como gerente, le definió como hombre de diálogo y de trato afable. Dirigió el ICS durante 30 meses, entre octubre del 2008 y junio del 2011. Fue nombrado por la socialista Marina Geli y presentó su dimisión ante el convergente Boi Ruiz alegando motivos de salud, una supuesta enfermedad que alcanzó el mayor nivel febril cuando este conseller presentó los presupuestos de Sanidad que suponían la reducción del 13% para el ICS. La dolencia de Argelagués fue un agudo ataque de dignidad.
Joaquim Casanovas fue el sustituto elegido por Ruiz. Aplicó rebajas salariales, troceó en pequeñas empresas privadas ciertas actividades sanitarias, aceptó nuevos recortes presupuestarios, cerró camas hospitalarias, y potenció los contrarios precarios. Con todo, el conseller le cesó 14 meses después de haberlo nombrado con el argumento de que no imprimía la velocidad adecuada a los cambios necesarios. Casanovas no quedó abandonado a su suerte. Fue nombrado gerente de la Región Sanitaria de Barcelona del Servei Catalá de la Salit (CatSalut).
Casanovas fue sustituido por Pere Soley, cirujano, muy próximo a CDC, exgerente de L’Aliança y del hospital de Bellvitge. El nuevo gerente consideró que el cierre de plantas hospitalarias y otros centros sanitarios aplicados durante el verano no implicaba el progresivo desmantelamiento de la sanidad pública sino que era, simplemente, “un cambio en la actividad sanitaria estival”.
Por lo que respecta al Hospital de Vall d’Hebron, la secuencia en los cambios gerenciales ha seguido la siguiente secuencia:

– Jaume Raventós. Permaneció tan solo ocho meses en el cargo, suficientes para decidir el cierre de algunos quirófanos y tomar otras medidas que aún afectan la marcha del hospital. Presentó la dimisión en marzo del 2012 y optó por un cargo en Telefónica.
– José Jerónimo Navas. Anatomopatólogo. Fue director general de Instituto Carlos III, trabajo en Can Ruti y ha ejercido diversos cargos en la sanidad catalana. Cesó en el cargo en enero del 2015 para dirigir un proyecto de innovación en el ICS.
– Vicenç Martínez Ibáñez. Cirujano. Fue gerente de los hospitales Josep Trueta de Girona (ICS) y del Santa Caterina de Salt (Institut d’Assistència Sanitaria) e impulsor de su unificación, proyecto criticado por los sindicatos.
Dos cifras a modo de ejemplo de lo que ha implicado el continuo baile de gerentes:
- El ICS ha perdido casi 5.700 trabajadores en los últimos cuatro años, lo que supone una reducción del 13%.
- En el mismo periodo, la plantilla del Hospital del Vall d’Hebron ha pasado de 7.000 a 6.500 trabajadores.
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